Aquí vive, también, la Esperanza

OPINIÓN| Sevilla y su Semana Santa, dos conceptos inseparables pero distintos, no necesitan monumentos, una placa o una calle rotulada, para recordar su importancia y existencia. Pepe Peregil, Curro Romero, la Duquesa de Alba, Bécquer, Martínez Montañés o Juan de Mesa, entre otros, tienen su reconocimiento en forma de estatua, sí, pero a cambio tienen la desgracia -por ley de vida- de no volver a sus años de gloria, y pasan a formar parte de la nostalgia, la historia y el recuerdo eterno. En cambio, Sevilla y su Semana Santa -incluyendo en ella todos los elementos que puedan imaginar- son entes vivos, que se renuevan cada año reescribiendo su propia historia. Carece de sentido alguno petrificar sus conceptos en el frío mármol o en metales fundidos.

En Triana, con motivo del 600 aniversario de la cofradía de la Esperanza, un grupo de comerciantes del Mercado de Triana, está solicitando firmas para ‘la colocación de un monumento que reconozca que hace 600 años nació aquí la advocación de la Esperanza’. ‘Aquí nació la Esperanza’, es el título que rotula la hoja de firmas, que pide el levantamiento de la estatua en nombre de ‘el barrio de Triana’. Quizá ahora en otras zonas del barrio se planteen la erección de otros monumentos recordando que ‘Aquí nació el Cachorro’, ‘Aquí nació la Estrella’ o ‘Aquí nació la Salud’, aunque dudo que hayan, ni en broma, pensado semejante banalidad.

Cabría recordar que la Esperanza de Triana ya posee dos azulejos de sus amantísimos titulares en la Plaza del Altozano, así como una calle dedicada al Santísimo Cristo de las Tres Caídas y una avenida a Nuestra Señora de la Esperanza de Triana. Además de innumerables azulejos repartidos por el barrio, como el que luce en la fachada del Convento de las Mínimas. En cambio nada comparable con su reconocimiento popular, conocido de forma universal.

La frase ‘Aquí nació la Esperanza’, denota posiblemente la eterna rivalidad en la adjudicación de una advocación dual entre las dos orillas de la ciudad, pese a que la primera Esperanza en cruzar la dársena del Guadalquivir fue la de la calle Castilla. Cuando a las dos de la madrugada del Viernes Santo se abren las puertas de la Capilla de los Marineros, ahí pueden poner los monumentos que quieran, o fechar el nacimiento de la advocación en el año 300 antes de Cristo, que todo se derrumba ante la única verdad que nos une: su presencia. La Esperanza no sólo nació sino que vive, también, en Triana, como en otros barrios, ciudades y rincones del mundo.

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