La Patrona puso el sol en el Día de la Virgen

Atípica mañana de nubes y agradables temperaturas para recibir a la Patrona de la Archidiócesis

Desde primera hora de la mañana, feligreses venidos de distintos puntos de la provincia y de la propia capital andaluza copaban la Plaza Virgen de los Reyes, y posteriormente el resto de las denominadas ‘gradas bajas’ de la Santa Iglesia Catedral. Se repetían las imágenes de cada año en las horas previas a la salida; sillas y mantas para pasar la noche y coger primera fila. Gallardetes en las farolas anunciaban la salida de la Patrona de la Archidiócesis de Sevilla, una cita marcada en rojo en el calendario hispalense. Aun con la penumbra de la noche, las vidrieras y rosetas del templo catedralicio indicaban vida en el interior, donde se celebraron dos eucaristías previas a la salida. Hubo algún fallo eléctrico que no impidió la celebración de las misas.

A las siete y media se formaba el cortejo para comenzar la procesión por la Puerta de los Palos. La Banda Municipal de Sevilla, dirigida por Francisco Javier Gutiérrez Juan, y los niños ‘carráncanos’ abrían el cortejo, seguidos de los devotos de la Asociación Virgen de los Reyes, la Sacramental del Sagrario, el Consejo de Hermandades y el Cabildo Catedral. Tras el paso de tumbilla desfilaba el arzobispo de Sevilla, D. Juan José Asenjo, quien no pudo concluir el recorrido debido a problemas de salud, siéndole imposible igualmente oficiar la eucaristía celebrada a la conclusión de la procesión, pese a intentarlo. Tampoco faltó la representación municipal, con el alcalde de la ciudad, Juan Espadas Cejas, y representantes de diferentes partidos políticos.

La Virgen se ponía en la calle a las ocho en punto de la mañana, acompañada musicalmente por la banda del Ejercito y por la escolanía de antiguos alumnos. La talla de la Virgen data del siglo XIII y la del Niño Jesús del siglo XVII. En esta ocasión la sagrada imagen lucía el manto blanco donado por la Reina Isabel II en al año 1853. Olor a nardos el que brotaba de las cuatro esquinas del paso.

Las temperaturas suaves, más frescas de lo habitual, permitieron disfrutar más si cabe de esta procesión estival, eso sí, las nubes no permitieron que el rostro de la Virgen se viese iluminado por los rayos del sol. Como novedad, se utilizaron las bautizadas como ‘vallas antipánico’, que blindaron el recorrido al completo, sustituyendo a las tradicionales vallas de metal. No hubo incidencias que destacar durante la procesión, que concluía a las nueve y media de la mañana.

Galería de Pablo Lastrucci

 

 

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